jueves, 27 de junio de 2013

Seyens: 1ª parte Stern| Capítulo 15

Iba a publicar el viernes pero me acordé de que ese día tengo un examen y luego fiesta al día siguiente así que entre una cosa y otra igual me olvido. Además, estoy en Santiago y no traje el portatil así que ya que aprovecho ahora que estoy conectada, en la sala de informática, para hacerlo. :)
Seyens: 1ª parte Stern. Capitulo 15

Víctor:


Víctor se hallaba acostado boca arriba en el jardín trasero de la residencia del campus de la universidad de Stern. La universidad consistía en un conjunto de edificios que reunían las distintas facultades de ciencias, y de letras, junto con la residencia y un pabellón de deportes. Todas las facultades tenían un diseño parecido, se trataba de construcciones en forma de elipse con un pasillo estrecho que rodeaba cada una de ellas, y estaba cubierto por un toldo, a la costumbre de las plazas españolas, para resguardarse de la lluvia, pero ese toldo se abría en arcos apuntados decorados con símbolos culturales antiguos y actuales por todos los lados. Según se iba subiendo con la vista uno se encontraba con ventanas altas en forma de arcos de medio punto, y los edificios remataban en un techo plano que podría asemejarse a una terraza, aunque no lo era.

Víctor recordaba esto porque así era el diseño de la facultad de química, en la que él estudió, y las pocas diferencias que había entre una facultad y otra eran matices de colores, de brillo, e incluso de diseño, ya que los símbolos dependían de la facultad, y de lo que se impartía en ella.

En cambio, la residencia era rectangular, de color verde claro y con ventanas cuadradas y estaba rodeada por un jardín, jardín en el que se hallaba acostado Víctor pero no estaba solo sino junto a sus amigos con excepción de Gerard que se hallaba trabajando para atrapar el retraso sufrido debido a los funerales de Jim, el padre de Emil.  

Sus amigos eran, además de Dave y Simeón, Raymond, un joven castaño de pelo oscuro corto y ojos verdes oscuros que estaba jugando al ajedrez con Dave, sentado enfrente de el en una mesa de piedra. Y Samuel, un chico de pelo naranja claro, ojos marrones y pecas muy agradable, que se hallaba en una charla sobre las noticias del día con Simeón, aunque este no parecía prestar mucha atención. 

En cuanto a Víctor, él no prestaba atención a ninguno de ellos, su mente vagabundeaba por los sucesos de la noche anterior; concretamente por el ataque de Yohann. Y es que no conseguía dejar de pensar en ese escalofrió, que lo había recorrido antes de que hubiera indicios de la presencia de Yohann, como anticipando un peligro, muy fuerte en ese caso ya que le afectaba tanto a él como a Layla y él era seyen, por lo tanto, muy pocas cosas deberían de suponer un peligro para él.  

Así que si Yohann era peligroso tenía que ser porque Yohann era poderoso, probablemente lo suficiente para enfrentarse a un seyen principiante, como él, y salir victorioso. Mención aparte eran los escalofríos que indicaban el peligro; Víctor tenía la sensación de haberlos sentido antes, aunque con mayor intensidad. Sí, ahora lo recordaba había sido poco antes del ataque a su padre:


Era una noche de luna nueva y Víctor, su hermana, Giovanna, y su padre, Eivan, volvían a casa a pie, luego de asistir a una cena de bodas. El padre de Víctor era un veinteañero de pelo corto negro y liso, como Víctor, pero con un flequillo ladeado y ojos plateados que definían su condición de seyen. También era alto al igual que él, (los dos medían un metro ochenta y dos), y esbelto. Su hermana, en cambio, a pesar de tener la misma edad que su padre, sólo media un metro setenta y dos, y tenía el pelo largo y ondulado castaño oscuro, a menudo atado en un moño pero con dos mechones sueltos, uno a cada lado de su cara, un poco más cortos que el resto del pelo, y un ojo plateado y otro marrón almendra. Víctor incluso recordaba como los ojos de él no eran negros, como ahora, sino marrones pero más oscuros que los de su hermana; eran los ojos de su padre antes de ser seyen, o eso le había dicho el. 

Los tres iban a pie esa noche porque algo, o alguien, había asustado a los caballos de los carros, y todos los asistentes de la boda habían tenido que volver a pie. Pero no era peligroso, ya que en aquella época la ciudad estaba en calma, y no había sucesos extraños que temer.

O eso creía. Justo cuando, después de atravesar la plaza central de la ciudad, recorrieron la calle que se extendía desde la entrada de la plaza, y pasaba en algún punto de su tramo por la casa de Víctor, (se trataba de una calle abierta y espaciosa), un escalofrió recorrió a Víctor. Algo, o alguien, los estaba siguiendo y no con buenas intenciones. 

El padre de Víctor se detuvo un momento, como si hubiera sentido algo, pero no vio nada y le dijo a su hijo, que se había quedado un poco atrás, que se apurara y siguió su camino, llegando a un cruce de caminos, del cual el camino que seguía recto llevaba a la casa de Víctor, mientras que los otros llevaban a otros tramos de la ciudad. En ese momento un escalofrió más intenso recorrió a Víctor, cuando un lobo grande y gris apareció ante ellos. Pero el escalofrió no solo indicó el peligro que suponía ese lobo, sino también otro mayor que había a su alrededor. Estaban rodeados.

Su padre les dijo a él y a su hermana Giovanna que se posicionaran detrás de él, quién se puso en postura defensiva delante del licántropo para hacerle frente. El licántropo se lanzó hacia él, pero fue lanzado hacia atrás por una fuerza invisible y cayó al suelo. Eivan dirigió entonces su mirada hacia atrás, como alertado por algo, y no la volvió a dirigir al frente. Intrigado, Víctor siguió la mirada de su padre, pero no pudo ver nada más que varios pares de ojos que brillaban a su alrededor a la vez que se oían algunos rugidos. En ese momento se oyó un aullido, y se desató la tragedia...

  
— ¿Víctor? ¿Víctor estás aquí? — la voz de Simeón lo sacó de su trance, y vio como él había dejado su charla con Samuel, para intentar decirle algo, y lo había cogido estando absorto.

— Sí, estoy aquí, ¿ocurre algo Simeón? — dijo entonces, Víctor. Simeón seguía con la vista fija en sus ojos, al igual que el día de la fiesta, e iba a abrir la boca, pero finalmente cambió de idea y dijo.

— Nada importante ¿En que estabas pensando Víctor? Estabas muy ausente. 

Víctor iba a responder que en nada, cuando Raymond los interrumpió.

— Déjalo tranquilo, Simeón. A lo mejor estaba en Laylalandia — El terminó asociado a Layla provoco unas risas entre los amigos de Víctor.

— Muy gracioso. — ironizó Víctor y Simeón puso los ojos en blanco.

— ¡Y luego decís que soy yo quien lo atormenta! — les comentó.

—No les hagas caso Víctor; ellos aún no conocen las maravillas del verdadero amor. — Le  aconsejó en voz baja, pero al rato se calló, y preguntó en voz más alta:

—¿Desde cuándo se te ha curado la cicatriz? 

Víctor se quedó callado, no sabía que responder, sin embargo el resto de sus amigos no parecía entender de que hablaba Simeón, ya que muy pocos habían tenido la suerte de ver esa cicatriz. De hecho, Víctor ni siquiera estaba enterado de que Simeón la hubiera visto, si la había ocultado a conciencia.

Dave hizo un movimiento en la tabla de ajedrez y dijo:

—Jaque Mate.

Raymond se levantó sorprendido.

— ¿Cómo haces para ganar siempre? — Preguntó.

—Talento natural, ¿Simeón quieres probar tú? — Dijo Dave con una sonrisa y, olvidando su atención primordial, Simeón se levantó de la parte de la hierba en donde estaba sentado y se sentó en donde antes había estado Raymond.

—Pero te lo advierto Dave, yo no soy tan débil como Raymond, no me vencerás— Advirtió Simeón, antes de empezar el juego.

—Eso ya lo veremos. — dijo Dave con una sonrisa y comenzaron la partida.

Raymond se alejó de los jugadores y saludó a una pareja que paseaba por la zona. Víctor se sentó en la hierba y dirigió su atención a la pareja para dirigir un saludo parecido al de Raymond, pero se detuvo al sentir una energía maléfica y oscura en el varón mientras que la joven era totalmente humana. Se trataba de Catrina y Candel y por lo visto él no era humano…


Catrina devolvió el saludo y le dirigió una sonrisa a Samuel quién se la devolvió encantado; parecía haber complicidad entre ellos. Catrina era una joven de pelo castaño largo y atado en una trenza trasera y ojos verdes. Justo en el momento en que un hombre, que parecía vigilar los alrededores, se acercó a Candel para comunicarle algo en susurros, ella dio unos pasos hacia el grupo, y Raymond dijo:

—Prima; no esperaba encontrarte aquí a hora tan tardía” Con hora tan tardía se refería a que eran más de las cinco y ella y Candel solían salir antes.

— Lo cierto es que planeábamos salir pero el trabajo de Candel le mantiene muy ocupado— explicó ella.

El hombre que antes hablaba con Candel observó a los presentes unos instantes y un brillo rojizo apareció tras sus ojos. Se giró hacia Víctor, seguidamente hacia Simeón y asintió para si mismo, como si comprobara algo. Poco después se volvió a acercar a Candel, y le susurró algo que provocó que el joven centrara sus ojos, de un tono marrón caramelo con brillos rojizos, en los presentes. Deteniéndolos primero en Simeón, quién ni siquiera lo advirtió de lo concentrado que estaba en la partida de ajedrez, y seguidamente en Víctor, a quién le dirigió una mirada gélida.

Víctor sintió el impulso de dirigirle una mirada idéntica a Candel pero se retuvo; aún no era el momento de buscarse enemigos. Mientras que Candel adoptó una expresión amable y dijo:

—Catrina; debo ir a atender un asunto ¿Raymond, podrías acompañar a tu prima hacia la casa? —

—Claro, encantado— aceptó Raymond.

— ¿Qué ocurre? — Preguntó Catrina.

—Nada grave, amor pero es muy probable que Gerard haya descubierto algo; debo estar presente. — Contestó Candel

Ella asintió y Candel le dio un beso corto en los labios de la joven antes de partir en dirección al cuartel de la guardia civil.


En el cuartel:

Emil se hallaba apoyado en la pared de un laboratorio en donde Gerard observaba el cadáver de una chica de solo doce años que tenía mordisqueada la pierna izquierda.
Gerard recorrió el cuerpo de la niña de pelos oscuros con restos de sangre y murmuró:

—Esto es imposible.

Emil elevó la mirada hacia Gerard quién recorría la herida del pecho de la niña semejante a las marcas que dejarían las garras de un animal, extrañado.

— ¿A qué te refieres Gerard? ¿Qué es lo que no es posible? — Preguntó Emil.

—Las heridas… ¿Tú dices que el asesino se la entregó a los animales salvajes?, ¿no? — Dijo Gerard y Emil asintió.

—Siguiendo esa teoría es lógico que hubiera marcas que indicaran como este asesino la ha matado sin embargo…— se detuvo y volvió a mirar y murmuró algo que sonó como "no puede ser", pero Emil le indicó que continuara: Le daba igual la verosimilitud de sus teorías, si estás resolvían el misterio.

—Todas las marcas indican heridas infringidas por un animal— siguió Gerard

— ¿Estás seguro de eso Gerard?, los animales salvajes no atacan a la gente…— comenzó Candel que acababa de llegar.

—A menos que esta los provoque y esta niña no ha hecho nada; gracias Candel, y bienvenido, pero estoy totalmente seguro de esto. De hecho, de acuerdo a las marcas de los dientes de la pierna y de las garras del resto del cuerpo, creo que puedo determinar que animal podría ser el autor del crimen— acabó Gerard

— ¿Cuál? — preguntó entonces, Emil.
Gerard observó otra vez el cadáver y asintió para si mismo antes de afirmar.

—Ha sido un lobo. 

La afirmación de Gerard era segura y firme y Candel estaba seguro de que cualquier científico o investigador que lo viera afirmaría lo mismo ¿Cómo era posible que los licántropos tuvieran semejante descuido? Candel esperó unos minutos y luego se dirigió a Emil:

— ¿Crees que es posible que un animal haga eso? — Preguntó

Emil  lo miró y dijo:

— Ahora mismo no sé qué creer. Muchos de los asesinatos ocurridos no son posibles, sin embargo, todas las explicaciones razonables que buscamos fracasan. Así que, ¿por qué no aceptar las irracionales? De todos modos no quiero que digáis nada a los periódicos de esto, no necesitamos pasar por locos.

—Cierto, ¿Puedo regresar a mi hogar o hay algún asunto más que requiera mi atención? — dijo  Candel

—Puedes regresar Candel, te avisaremos si surge algo— dijo Emil

Candel se despidió educadamente de Gerard y de Emil, su nuevo superior y salió del recinto, fuera le esperaba el hombre con el que había hablado anteriormente, antes de irse al cuartel.

—Está claro que ese investigador sabe demasiado los licántropos deberían acabar con el cuanto antes— opinó Candel refiriéndose a Gerard

El hombre negó con la cabeza y dijo:

—Aunque resulta un acto lógico no es recomendable provocar otra muerte importante. No nos conviene que atraigan a los seyens antes de tiempo.

—Me temo que eso ya lo han hecho a juzgar por lo ocurrido. Ningún licántropo en su sano juicio abandonaría el cadáver de su víctima, a no ser que sienta la presencia de algo más apetecible; como por ejemplo de un seyen. — Dedujo Candel.

—Señor…— comenzó el otro hombre

— ¿Alguna otra noticia Achille? — Preguntó Candel.

—Hemos sabido que su ilustre hermano Christopher ha regresado de Gran Bretaña. — Informó el hombre.

—Bien; nos reuniremos esta noche. Es hora de que Christopher recupere el mandato y, Achille— llamó  Candel

—Sí, señor— contestó Achille

—Asegúrate de que alguien se encargue del seyen que está creando problemas a los licántropos. — ordenó entonces Candel

—Creo que Elisa sería ideal para esa carga. Ella acostumbraba a cazar en los barrios bajos y eliminar a cualquiera que se interponga entre ella y su presa— sugirió Achille después de unos instantes de meditación.

— Una buena elección Achille. — Valoró Candel.

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