jueves, 20 de junio de 2013

Seyens: 1ª parte Stern| Capítulo 14


14

Su presa siguió su camino sin apenas fijarse en si le seguían, era evidente que se trataba de un muchacho despreocupado y seguro de si mismo. Por otra parte, la sombra no hacía ningún ruido así que era como si en realidad el estuviera solo. La chica sonrió, una sonrisa que apenas se percibió en su figura y se deslizó por el suelo a gran velocidad de tal manera que podría pasar por debajo de él sin que lo notara y aparecérsele delante cogiéndolo por sorpresa y matarlo sin que se diera cuenta de nada, únicamente sentiría el dolor antes de sucumbir e incluso en ese momento no sabría quién le estaba dando muerte, pues aunque la poca iluminación que desprendía la lámpara de aceite que sostenía el chico le permitiera verla, ella ya no poseía forma humana y por lo tanto el no la vería como tal.
Justo cuando esta iba surgir delante del chico oyó una voz que la distrajo y detuvo su acción.

— ¡Yo que tu no haría eso! — dijo esta, a la vez que la sombra notó un fino haz de luz detrás y se apartó de allí antes de girarse para encararse con quien estuviera detrás suya por lo que el humano quedó fuera de su alcance aunque por muy poco. Sin embargo la sombra no dedicó ni un mínimo interés a ese detalle, ante ella se alzaba una joven pelirroja de cabellos rizados y cuya piel brillaba a la luz de la luna. Se trataba de Anne…

Aprovechando que el cielo estaba nublado la sombra dio unos pasos hacia la derecha y volvió a quedar oculta entre la oscuridad, concretamente bajo el techo de una casa, Anne la veía igual pero al ajustar su posición a la de ella y acercarse también acabó debajo del techo (a una distancia adecuada de la sombra para un enfrentamiento) y el brillo de su piel desapareció. Anne enseguida percibió que aquello era lo que quería la sombra. Aún no tenía claro su propósito pero imaginó que su enemiga deseaba poder tocarla sin sufrir. Pero realmente lo que le preocupaba a Anne era como iba a matar a un ser que apenas era corpóreo.


Ni siquiera tuvo tiempo de pensarlo, la sombra se lanzó hacia ella y algo brilló en esta, antes de que la alcanzara Anne pudo ver que el brillo provenía de un puñal, que había aparecido de repente en una parte de su cuerpo, que había tomado la forma de una mano y empuñado por esta. Resultaba extraño que pudieran aparecer armas de milagro y sin embargo no había ningún arma en el suelo ni señales de que la hubiera en ningún momento. Solo se le ocurría una explicación a esta situación inverosímil; que su enemiga tuviera poder no solo para ocultarse a si misma sino también a cualquier cosa que esta sostuviera.

El acero del puñal chocó contra el escudo de Anne y como era de esperar no le produjo daño alguno, la sombra retrocedió e intentó realizar un ataque bajo que Anne esquivó de un salto, la verdad es que el enfrentamiento no era difícil dado que ella podía prever los ataques de su contrincante y este no podía hacer lo mismo con ella.

Con todas sus fuerzas Anne cortó con su espada el brazo que empuñaba el puñal, pero este en lugar de separarse del cuerpo y caer al suelo se separó y volvió a recomponerse ante una sorprendida Anne y acto seguido consiguió herirla en el brazo izquierdo de una manera tan fuerte que Anne soltó el escudo por el dolor; de algún modo la sombra, demonio mejor dicho, había conseguido ocultarle ese movimiento. Anne no perdió el tiempo en lamentarse por una herida que no tardaría mucho en curarse y alzó la espada de nuevo, esta vez para cortar una parte de lo que parecía el cuerpo de esa mujer demonio.
De nuevo contempló como la parte separada volvía a juntarse sin que quedara rastro alguno del corte; esto era frustrante.

Sí,  muy frustrante, ya que a partir de aquel momento ninguno de los ataques de Anne parecía surtir efecto alguno, el cuerpo se partía y se volvía a juntar indefinidamente independientemente de la fuerza y la rapidez con la que Anne le propinaba los golpes. Mientras tanto su enemiga conseguía ocultarle cada vez más golpes de tal modo que Anne cada vez adivinaba menos y por ello cada vez le era más difícil no acabar herida. De hecho ya tenía varias heridas y había estado a punto de perder su espada en más de una ocasión.

Un ataque de la sombra hizo que Anne retrocediera de un salto de tal modo que salió de debajo del tejado y su piel volvió a iluminarse, la mujer demonio se apartó en seguida de la luz que esta desprendía, luz que también era reflejada por la espada de Anne. Era como si temiera el contacto con esa luz.

Y entonces Anne lo entendió. Porque al verla lo primero que había hecho era apartarse de ella, o más bien de su luz y porque en cuanto había empezado el enfrentamiento su contrincante la había atraído hacia una zona sombreada. Porque quería evitar la luz de su piel, su luz... Esa misma luminiscencia enseguida se trasladó a la espada de Anne y ella supo enseguida lo que tenía que hacer.

Posicionándose justo debajo de la luna, Anne alzó su espada que ante la sorpresa de ella dibujó un haz de luz por debajo de esta a la vez que reflejaba la luz lunar hacia la sombra que pareció taparse algo que debían de ser los ojos, aunque en realidad solo se distinguían unos puntos luminosos y rojizos, y saltó hacia un lado evitando así la luz reflejada y esperó. Pero Anne no se acercó y a su vez vio como su enemiga parecía tener un debate interior sobre si debía atacar o no. Por una parte el alma de Anne la atraía de una manera tan intensa que no se podía ignorar, pero, por otra, la luz que esta desprendía era muy peligrosa para ella, incluso mortal.

Para ayudarla Anne se introdujo en la mente de esa mujer demonio y consiguió reforzar la parte que apostaba por atacar ofreciéndole imágenes de como sería su cuerpo desfallecido e incluso convenciéndola de que al vencerla y matarla conseguiría poder además de energía. Claro está ella ignoraba que Anne estaba manipulando su mente para hacerla adoptar una decisión equivocada. Satisfecha con el resultado, Anne se retiró de la mente de la mujer a la vez que esta adoptaba una posición de ataque.

La sombra se lanzó entonces a Anne quién evitó su embestida y viró la espada de tal modo que la luz de esta atravesó el brazo del puñal que no solo se cortó sino que al efecto de la luz empezó a desintegrarse hasta que no quedó nada de el, únicamente el puñal en el suelo. A su vez la cercanía de Anne empezaba a debilitar a la sombra que intentó volver a coger el puñal pero Anne dirigió el haz de luz de su espada hacia el brazo que empezaba a formarse para coger la espada y este al contacto con la luz se desintegró igual que el otro.

A partir de ese momento todo fue más fácil. Inmediatamente Anne dirigió la luz de su espada hacia los ojos que también se desintegraron, provocándole a su enemiga una ceguera rápidamente aprovechada por Anne para dirigir la luz hacia otras partes del cuerpo que poco a poco se fueron desintegrando hasta que finalmente se desvaneció el último punto de la sombra y ya no quedó nada. Nada de nada.


Anne observó a su alrededor aliviada y soltó un suspiró de cansancio, cansancio que aun así no le impidió localizar la mente del humano. Estaba bien ya en su casa y ajeno a la batalla que se había librado ante el, batalla de la que ni siquiera fue testigo gracias a las ilusiones iniciales de Anne que hicieron que este no oyese ni viese nada de esta mientras estuviera cerca.

Esa era otra de las razones por las que Anne se sentía agotada, no era fácil mantener una ilusión durante una batalla sin perder la concentración (de hecho estuvo a punto de hacerlo). Tenía que practicar más.

Y de paso preguntarle a Jaymie porqué había ocurrido eso con la luz de su piel y su espada. Anne volvió a acercarse a la zona oscura y recogió su escudo del suelo, al cogerlo sintió como si recuperar un objeto perdido hace tiempo y que significara mucho para ella. Ese pensamiento la hizo sonreír y con esa sonrisa en su cara invocó las alas y emprendió el vuelo de regreso a su casa donde le esperaba un deseado y seguramente bien merecido descanso.

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