jueves, 21 de enero de 2016

Capítulo 27

¡Hola! Acabo de terminar mis exámenes y la verdad no sé si subir esto o no, pero ya que lo modifiqué. xD Retomamos la historia en el ataque a Víctor. Anne acaba de aterrizar pero, ¿logrará salvarlo? Aquí tenéis la respuesta.


27


En cuanto Anne aterrizó, enseguida se cercioró de la situación, y al ver al chico tendido y ensangrentado, temió por él. Pero la firme luminiscencia del interior de su aura le confirmó que estaba vivo, y pronto se recuperaría. Con decisión intentó acercarse a él para sacarlo de allí, pero los licántropos se interpusieron en su camino.

Por lo visto no le iban a dejar salvarlo tan fácilmente. Anne cogió sus armas y retrocedió un poco para prepararse, contó rápidamente el número de licántropos. Había cerca de cuatro o cinco de los cuales uno de ellos se lanzó enseguida sobre ella con fiereza, mientras que los otros se dividían entre imitarlo o procurar rematar al otro seyen. Un gran error, pues en cuanto se hubieron acercado a él Anne se impulsó con las alas y, al mismo tiempo que evitaba rápidamente al lobo que había osado atacarla, se situó detrás del chico y dirigió una mirada fulminante a los lobos.

Inmediatamente los lobos salieron lanzados hacia atrás y fueron a chocar violentamente contra el suelo.

Cuando los lobos comenzaron a levantarse, Anne ya se había situado delante de Víctor con las alas desplegadas y preparada para el combate que se le presentaba. Fue en ese momento cuando se fijó en que al menos dos de los lobos le sonaban de antes, y supo que ya los había visto cuando salvó a Esteban.

En sus mentes se leía fácilmente la frustración por no haberla cazado en aquella ocasión. Pero ésta vez sería diferente, no tenían intención de dejarla huir.

A pesar de leer en ellos ésa determinación tan clara, Anne no se asustó, sabía que era más hábil que antes y que podría vencer. Solo tenía que tener cuidado de no separarse del otro seyen, pues dado su estado, no sobreviviría si los lobos lo atacaban en aquel momento. Y eso Anne no lo iba a permitir.

Impaciente, en cuanto vio que el primero en levantarse daba unos pasos hacia ella, se lanzó al combate. Le dejó actuar un poco protegiéndose con el escudo para estudiar sus movimientos, éstos eran agresivos y decididos, todos movidos por ésa determinación. Cuando más o menos sabía como llevar el combate vio que otro lobo se lanzaba hacia ella, pero lo esquivó ágilmente, y lo hirió en una de las patas. Debido a la rapidez el corte no era profundo, pero escocía a su contrincante y Anne quiso aprovecharlo, pero antes de que lo consiguiera el primer lobo quiso atacarla. Y después de esquivarlo vio que los otros dos ya estaban levantados. Definitivamente esto iba a ser más complicado de lo que ella creía, los lobos no eran más hábiles que ella, pero estaban muy bien coordinados; en apenas unos segundos la habían rodeado.

Pero ella no iba a rendirse, había venido aquí para salvar a alguien y no se iría sin hacerlo. Segura de lo que hacía, se puso en guardia desplegando las alas y preparada para todo: Vencería o moriría en el intento, pero nunca se rendiría. Un lobo se lanzó hacia ella y está lo esquivó saltando en el aire, para luego bajar a gran velocidad, con la espada apuntando a su cuello. Y así fue que, gracias a la velocidad, este no pudo apenas prever nada, nada más aterrizar, Anne ya lo había decapitado. Eso la hizo sonreír, mientras los otros lobos la miraban asustados y dudosos; hecho que Anne aprovechó para mirar a su alrededor, el chico estaba casi recuperado pero aún no parecía poder levantarse, sus ojos se abrían o eso le pareció porque apenas vislumbró esto último y dos lobos se lanzaron sobre ella. Estos eran más hábiles y estaban bien coordinados, seguramente eran los que habían conseguido derrotar al chico o tal vez no, no lo sabía y menos le importaba ahora.

Le costó pero finalmente y después de varias heridas consiguió, gracias a sus poderes tomar el control de la situación, estaba cansada pero resistía. Apoyándose en una pierna, herida por ellos que se le curaba, consiguió hacerles frente, intentó centrarse en uno, pero al ver que el otro no la dejaba, usó sus poderes para alejarlo, lanzándolo contra una pared, y luego se centró en el que quedaba. Gracias a las alas consiguió evitar sus golpes y vencerlo, pero en cuanto lo consiguió y éste cayó muerto el otro se lanzó hacia ella sin apenas darle tiempo a recuperarse.

El combate fue intenso y violento, pero al final consiguió librarse de ése también y decapitarle y entonces cansada se apoyó en la pared más cercana con los ojos cerrados. Le habían herido en ellos y le molestaba, procurando descansar y recuperar el aliento, había sido duro.



Justo en ese instante Víctor se había recuperado lo suficiente para intentar levantarse. Lo primero que hizo fue observar el lugar, mientras se incorporaba. Intentando centrarse en todo menos en si mismo, sabía que si lo hacía, si veía los restos de sangre en su cuerpo, ya no podría continuar. Y realmente necesitaba hacerlo. Hace mucho tiempo, surgido a la muerte trágica e impactante de su madre, nuestro protagonista había desarrollado un fuerte miedo a la sangre. Era algo que hacía lo posible por ocultar, y uno de sus impedimentos para lograr estudiar la carrera de medicina que tanto ansiaba su padre. Sin embargo, con el tiempo y gracias a su amigo, Gerard, había conseguido afrontarlo. No frenarse cuando veía a alguien herido o a sí mismo, pero en aquel momento, aquel ataque... Lo hacía todo regresar, temía morir, sí, pero lo que más temía era hacerlo desangrándose, sin que nadie pudiese hacer nada por salvarlo. Cerró los ojos inspirando hondo, intentando centrarse más en las energías que en los cuerpos. Lo que había allí... ¿Por qué sentía que no estaba a salvo? Aquella chica pelirroja, los había matado a todos, ¿o no? Abrió los ojos, repentinamente, al sentir la energía ardiente de un licántropo y el peligro que ella corría. Estaba de espaldas a él y semejaba estar recuperándose de un largo combate. Apenas podía centrarse en luchar, no ahora, estaba demasiado cansada. Sin pensarlo mucho, Víctor desplegó sus alas y se lanzó a salvarla.


Anne procuró abrir los ojos, al sentir una energía ardiente junto a ella, y vio como un enorme lobo se lanzaba sobre ella, sin que tuviera tiempo de apartarse. Respiró hondo dispuesta a recibir el impacto y luchar. Pero antes de que la criatura consiguiera atacarla, algo pareció detenerlo. Alguien lo había apuñalado por detrás con una espada fina, se apartó hacia un lado para dejar que el animal cayera y se topó con los ojos negros del chico que debía salvar. Este pestañeó un momento y retiró la espada, que ella vio entonces que empuñaba su dedo, del cuerpo del lobo, haciendo lo posible por no observarla directamente.

–¡Uf, por que poco! –Constató observando el animal que la había atacado, y se viró hacia el chico.–Gracias–Él sonrió, riendo.

–Soy yo el que debería darte las gracias a ti, me has salvado la vida...–Contestó pero antes de que terminara de hablar, ella le interrumpió, corrigiéndolo.

–Y si no fuera por ti, no sé como habría acabado luego de que aquel licántropo me atacara.– Y rió, haciéndole observarla, intrigado. Era irónico, justo la persona que debía salvar era la que había acabado siendo salvada. Rezó para que Víctor no le mirase la mente en estos instantes, pero afortunadamente solo dijo:

–No hay nada que agradecer, solo hice lo que debía hacer.–Víctor sabía por su padre que cuando dos o más seyens se encontraban éstos se ayudaban por instinto, de ahí su respuesta. –Me llamo Víctor. –Le tendió la mano, de forma educada, y ella se la estrechó.

–Anne– dijo simplemente.

–Encantado–Contestó Víctor automáticamente para luego formular una pregunta, que la dejó de piedra. –¿Cómo has sabido donde estaba y el peligro que corría?–

–Es algo…complicado–. Vaciló Anne, no sabía si debía hablarle de Jaymie y aquel pacto, pues por lo que ella le había dicho éste había tenido que romperse, bajo la promesa de no influir más en la vida del joven que tenía delante. Pudo ver como Víctor sonreía, pero antes de que averiguara la razón de aquella sonrisa éste habló. Anne pudo ver que, a pesar de todo, aún le costaba un poco moverse, la pérdida de sangre debía de haberle afectado más de lo que creía.

–Bueno Anne, ha sido un placer conocerte, pero estoy cansado y debería irme. Puede que nos veamos en otra ocasión– al decir esto último sonrió y se preparó para irse, desplegando ya las alas.–Te debo una–Añadió, Anne negó con la cabeza.

–No me debes nada– miró a Víctor, cerciorándose de que estaba bien, y añadió.

–¿Te encuentras bien? Podría…

–¿Llevarme?– Víctor compuso una sonrisa medio sarcástica, interrumpiéndola –No, gracias, estoy bien. ¡Hasta pronto Anne!–Y partió antes de que le diera tiempo de insistir. Parecía estar lo suficiente recuperado para volar, hecho que la tranquilizó lo suficientemente para partir.


Hasta pronto” Le susurró al chico, mentalmente, y este se viró en aire con una bella sonrisa, antes de dar media vuelta y desaparecer. Parecía agradable. Viéndolo irse, tuvo la sensación de que se le había olvidado algo, no recordaba el qué. Más no fue hasta llegar a su casa y rememorar los hechos en su mente, que lo hizo: No le había pedido que se uniera a ella.

Bueno, no importaba, ya lo haría en otra ocasión, porque si de algo estaba segura era de que se volverían a encontrar.

Cerró los ojos dejándose divagar, por el agotamiento, hacía el mundo de los sueños. Intentando olvidarlo todo, el ataque, su vida en peligro, la coincidencia de licántropos con el ataque a Esteban... ¿Era posible que sin apenas cruzarse ella y Víctor tuvieran los mismos enemigos? ¿Siendo como eran de zonas diferentes? No lo sabía pero ardía en ansias de hacerlo. Volver a encontrarse con él era la clave de todas sus preguntas.

Y esperaba que sucediese pronto.

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