jueves, 28 de noviembre de 2013

Seyens: 1ª parte Stern| Capítulo 21

Hola, ¿que tal? ¿Con ganas del capítulo que prometí por twitter ayer? Espero que sí porque me he esmerado mucho en que quedase decente, (más bien en suprimir las ganas de borrarlo de cuajo ; editando como una loca xD) . En este capítulo entramos en una nueva fase de la historia, se acabó la introducción, viene la acción, el peligro, la angustia, el miedo, la sangre xD,...todo esto y más en unos nuevos capítulos que os sorprenderán porque han pasado dos semanas desde que nuestros héroes se transformaron y todo ha cambiado pero, ¿para peor o para mejor? Eso es lo que tendréis que descubrir a partir de ahora en estos nuevos capítulos en los que no solo cambiarán los hechos sino también el punto de vista. Se acabaron los puntos de vista exclusivos de Anne y Víctor, dentro de nada os adentraré en la mente y en las vidas de nuestros villanos y podréis saber más cosas no solo sobre ellos sino también sobre Stern y la historia en sí. Cómo hemos llegado a esta situación con la que inicié la historia. ^_^

Solo una cosa más antes de dejaros adentraros en esa fase tan esperada Tengo ask, así que cualquier duda que tengáis sobre la historia o mi misma, comunicadmela aquí http://ask.fm/yuna6785 e.e. Os prometo que os responderé encantada :D

Y no me queda más que decir así que, ¡Preprarados, Listos, ya :D!
Seyens: Stern

21



Jaymie se hallaba en un hermoso prado en plena noche, llevaba años yendo a aquel lugar. Para, verle y hablar con él siempre que pudiera. Se trataba de un lugar bello y tranquilo donde miraras a donde miraras no podías evitar sentir paz y armonía. Era el único sitio donde la soledad no resultaba triste, pero sí preocupante, porque la soledad significaba que él no estaba y sin él Jaymie se sentía vacía.

– ¡Jaymie!– Un joven de cabellos rubios claros y lisos con ojos grises como la plata pero más oscuros y profundos apareció. Ella corrió hacia él y lo abrazó:

– ¡Xavier! –Exclamó muy alegre. Él correspondió a su abrazo con ternura, se alegraba tanto de ver a Jaymie, su dulce amada y ella de verlo a él.

– Jaymie – Pronunció Xavier su nombre dulcemente. – Me alegro tanto de verte – La volvió a abrazar lleno de amor y emoción, agarrándola bien para no tener que separarse de ella nunca más. Aunque sabía que eso no ocurriría, no mientras estuviesen tan lejos...

– Yo también. Esto es una tortura, odio estar separada de ti de esta manera. Quiero reunirme contigo – dijo ella.

– Sabes que eso es imposible no podemos… – Xavier se quedó cortado, incapaz de seguir, sabía cómo terminaba la frase pero no se atrevía a pronunciarla. Sería como admitir la realidad, esa tan cruel que les había separado.

– Lo sé, lo he intentado millones de veces pero mis instintos siempre me lo impiden. No lo entiendo, ¿Por qué debo quedarme allí?, ¿Para qué sirve que yo esté viva y tú….? – No pudo seguir y comenzó a llorar.

–No llores mi amor. Pronto nos reuniremos otra vez. –Dijo Xavier, procurando tranquilizarla, no le gustaba que llorara.

–Esto no es justo– Se quejó ella.

– Lo sé, lo sé. Tranquila. – concidió él, acunándola hasta que la seyen se calmó y se separaron un poco. – hablemos de otra cosa, ¿Qué tal está aquella niña a la que ayudas? Anne –Xavier cambió de tema, ahora mismo no quería hablar de temas tristes, como ellos dos y su amor imposible.

– Ya no es una niña, es toda una jovencita– Lo corrigió Jaymie orgullosa de su fiel alumna.

– ¿Y qué tal le va todo?

– Se ha convertido en Seyen

– Eso está bien– opinó el.

– ¿Por qué dices eso? Ser seyen no es bueno, es decir, sí salvas a la gente y todo eso pero te persiguen continuamente, tienes muy pocos momentos de paz; es horrible. – Replicó Jaymie, entristecida.

– No exageres. A nosotros no nos fue mal.

– Tienes razón– Admitió ella, sonriendo un poco. Entonces se oyeron unos ruidos y Xavier se separó de ella.

– Debo irme– dijo.

– No, te necesito.– Imploró Jaymie, casi rota.

– Y yo a ti pero afrontémoslo. No es suficiente– dijo Xavier, derrotado.

– ¡No te vayas!

– Cariño yo…– comenzó a decir él, pero una voz los interrumpió.

– Xavier debes volver.

– Lo sé, Eivan, déjanos unos minutos más– Imploró el aludido sosteniendo con firmeza las manos de Jaymie.

– Lo siento no puedo.– Se disculpó Eivan. – Por cierto, Jaymie ¿Qué tal mi hijo?–Añadió.

– ¿Víctor? Por lo que he podido ver está bien–Informó ella.

– Dime que no se ha convertido.– Temió él

– Ojala pudiera– Respondió Jaymie, culpable y Eivan se pasó las manos por la cabeza con desesperación.

– ¡Oh, señor….!– Exclamó– ¡Jaymie me tienes que jurar que le protegerás!– Le pidió.

– Eivan juramos que no volveríamos a entremezclarnos en su vida, ni en la de su hermana– Le recordó Jaymie

– Lo sé. Pero tiene que haber algo que se pueda hacer. –Insistió Eivan desesperado y temeroso, no quería sufrir el dolor de perder a su hijo tan pronto y menos estando allí y sin poder hacer nada por él.

– Sí, no te preocupes ya veré– Lo tranquilizó ella con una sonrisa, tenía que ayudarle y, aunque no lo pareciera, sabía perfectamente cómo hacerlo.

– Gracias, ¡qué buena eres! Vámonos Xavier– Contento, Eivan la obligó a separarse del aludido para darle un corto abrazo de agradecimiento.

– Eivan yo ¿No puedo quedarme junto a ella? Me necesita–Suplicó Xavier, volviéndola a coger de la mano, con instinto posesivo y amoroso.

– Imposible. Debes esperar a que ella pueda al fin reunirse contigo– Le aclaró Eivan.

– ¿y cuando podré hacer eso? – Preguntó Jaymie

– Cuando ya no sea necesaria tu presencia en la tierra. –Informó escuetamente él.

– ¿Y cuándo será eso?– Insistió ella impaciente.

– Más pronto de lo que tú crees. –Desveló Eivan. Jaymie se inclinó hacia Xavier.

– ¿Puedo?

–Siempre– dijo él y ella lo besó. Una especie de energía los recorrió atrayéndolos y alejándolos al mismo tiempo; fue como un choque, por una parte su amor que se reafirmaba y se enfrentaba a todo y por otra parte, un cambio, ya no eran de la misma raza.

– Me voy– susurró, cuándo se separaron y él y Eivan desaparecieron mientras que involuntariamente los ojos de Jaymie se cerraron...


Cuando al fin los pudo abrir ya no estaba en el hermoso prado, sino en el jardín trasero de su casa.

– Dios ¿Por qué me torturas así? No sería más sencillo no permitirme ir allí. ¿Qué buscas al dejarnos juntar para luego separarnos? –Dijo ella mirando al cielo, aquel lugar adonde a veces ella tenía acceso. Donde ahora vivía Xavier, su ángel protector, mientras que ella no vivía allí y por consiguiente apenas podía verle. Porque él estaba muerto y ella aún seguía viva.

Como siempre Jaymie no recibió respuesta y se encaminó hacia su casa, era de noche; se sentía cansada después de aquel viaje y necesitaba dormir.

Justo cuando entró en su habitación Jaymie pudo atisbar por la ventana un lobo de pelaje marrón rojizo pasar a toda velocidad, era Chase pero iba tan rápido que no pudo más que observar intrigada como él desaparecía en medio de la noche.

Desinteresándose rápido del asunto Jaymie le echó un vistazo a un calendario que tenía colgado a la pared y se fijó en que al día siguiente ya haría dos semanas de la transformación de Anne.

– Mi tiempo aquí se ha acabado.– susurró Jaymie para sí misma, entristecida acarició una pulsera con piedras que había sobre su mesita de noche. El único recuerdo de Stern que le quedaría, pues esa pulsera aunque suya tenía algo que había pertenecido a Anne cuando era pequeña. Se trataba de una de las piedras, blanca pequeña y casi transparente. Anne la había recogido un día que Jaymie y ella se habían ido de excursión mientras Jaymie le iba contado historias maravillosas; recordaba como Anne la había llamado y justo cuando Jaymie se había girado hacia ella esta le había dado la piedra.

Toma, es para ti– Le había dicho Anne ,al dársela. El recuerdo hizo sonreír a Jaymie. Las otras piedras tenían una historia distinta, una de ellas, negra la había encontrado al llegar a Stern sabiendo así que algo nuevo y bueno le pasaría en esa ciudad; y la otra, gris oscura, tenía que ver con el hijo de Eivan, Víctor, pero era de hace muchos años. Concretamente de antes de que Eivan dejara las luchas; por aquel entonces tanto Víctor, como su hermana mayor Giovanna y la esposa de Eivan, Irene, estaban en peligro. Pues existía la posibilidad de que sus enemigos les hicieran daño e incluso llegaran a Eivan a través de ellos. A luz de esos acontecimientos Jaymie y Eivan habían hecho un pacto para poder proteger a la familia de este.

Esa piedra era la marca de ese pacto; Eivan se las había arreglado para que toda su familia la tocara transmitiendo así sin quererlo una marca de su aura por medio de la cual Jaymie podía gracias a su don averiguar si estaban amenazando la vida de un miembro de la familia. Bastaba con entrar en contacto con la piedra para poder tener las premoniciones de una manera tan cercana como si hubiera tenido contacto con alguno de ellos y los conociera. Ese era el poder de su pacto.

Obedeciendo a un impulso se puso la pulsera en la muñeca, por alguna razón sintió que debía llevarla esta noche, una vez hecho eso se acostó sobre la cama y se durmió teniendo un sueño inesperado…


Mientras tanto, Chase, corriendo en forma lobuna, llegó a una vivienda y allí recuperó la forma humana. Esperaba no haber llegado muy tarde, si fuera así le reñirían mucho, a su jefa, Ulrika, no le gustaba que le hicieran esperar y además si tardaba sospecharían que había estado protegiendo a Esteban y que se veía con Anne a menudo por culpa de eso.

Entonces, justo antes de que entrara, una chica apareció ante él preocupada, se trataba de Corina, la chica lobo que le había transformado, pero parecía muy alterada.

– ¡Chase! – lo llamó ella y se puso ante el impidiéndole seguir.

– ¿Qué pasa? – preguntó Chase.

– ¡Dime que no es cierto! ¡Dime, que no te estás viendo con Anne a escondidas de la manada! –Dijo Corina, tremendamente inquieta y alterada, Chase se quedó helado, ¿Cómo diantres lo sabía?, ¿lo hacía solo ella o era asunto de toda la manada?

– ¡¡Contéstame!! – ordenó Corina casi gritando.

– Corina yo… Tienes que calmarte, nadie puede saberlo. – Susurró Chase, nervioso.

– Entonces es cierto. ¡Te estás viendo con esa seyen! – le increpó Corina.

– Si, Corina pero no es lo que tú crees…– comenzó a explicar Chase pero ella le interrumpió:

– ¡Nos has traicionado Chase! – Acusó.

– ¡No! Yo no le he dicho nada, ¡lo juro! – dijo Chase repentinamente, asustado.

– No te creo Chase. ¿Cómo pudiste?

– Corina, por favor escúchame estás totalmente equivocada. Yo…

– No intentes mentirme, mira no sé qué te ha hecho ella pero por favor no intentes mentirme.– Lo interrumpió Corina suplicante.

– ¡Yo no te estoy mintiendo! Corina por favor, tienes que creerme. Nunca haría algo así. – Aseguró Chase, estaba asustado, muy asustado, no entendía cómo habían averiguado lo de Anne, pero en verdad no le había dicho más de lo necesario. No quería traicionar a su manada.

Entonces se produjo un largo silencio, Corina miró a los ojos a Chase y supo que no mentía. Pero eso no arreglaba la situación la empeoraba, Corina, no pudo más, había prometido no decirle nada pero eso era antes de que supiera que era sincero, que él no los estaba traicionando.

– Entonces debo prevenirte Chase. La manada lo sabe.– Desveló.

– ¿Qué?, ¿Como lo han sabido? – Chase se quedó frío, incapaz de reaccionar, había ocurrido lo que más temía, no sabía cómo, pero había ocurrido y ahora se encontraba congelado en el tiempo, sin saber que hacer ni cómo reaccionar. No, ante eso.

– No lo sé pero estás en grave peligro– dijo Corina. Chase se estremeció ¿Qué iba a pasarle? Iba a preguntarle a Corina cuando un joven salió de la vivienda.

– ¿Corina que haces?, todos te estamos esperando y…– el joven se calló y miró a Chase – ¿No le habrás dicho nada, verdad? –Añadió, su rostro teñido de sospecha y desconfianza.

– No, tranquilo, voy ahora mismo.

– Vale– dijo simplemente el joven y se fue.

– ¡Tienes que irte!– Le susurró Corina a Chase.

– Pero no puedo, Ulrika me ha llamado, debo... – Comenzó a decir Chase, pero entonces Corina lo interrumpió.

– No debes ir, es una trampa. Si vas te matarán– Lo advirtió. Chase se estremeció, no. No podía morir, ahora no. Por eso le hizo caso y se fue aunque sabía que eso no le serviría de nada.

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