lunes, 12 de agosto de 2013

Seyens: 1ª parte Stern| Capítulo 18 y disculpas

Siento el retraso en publicar o daros novedades por cualquiera de los blogs, pero es que resulta que me han regalado un nuevo portátil que, ¡sorpresa! no tiene word. Bueno, sí, lo tiene, pero para acabar de instalarlo necesito una clave que debería venir con el aparato pero he buscado en los papeles todos y en la caja y no encuentro nada que se le parezca. Arrrg ¬¬. Y bajarme otro, no quiero hasta preguntarle a la tienda, (que por cierto no está nada cerca de mi pueblo, al contrario), que ha pasado con la dichosa clave de las narices. En fin, un lío que no os concierne mucho, salvo por el hecho de que al no tener word no he podido revisar el capítulo hasta ahora que me he puesto en el ordi de mi madre unos segundos xD. Espero que os guste y lo siento otra vez. :(

Seyens: 1ª parte Stern. Capitulo 18


Anne:


—¿Estás sola?— La voz de un chico detuvo sus pensamientos, y Anne pudo sentir que era de el de quién provenía la energía, pero en ningún momento lo había oído acercarse, ni lo había sentido hasta ahora. Intrigante…

El chico se sentó en frente y llamó su atención enfocando sus ojos claros en ella. Era rubio ceniza y bastante guapo, pero ella aún no sabía lo que era, bueno quizás si se adentraba un poco en su mente podría descubrir algo.

Al dirigir sus ojos hacia él, se acordó de Chase y de cómo había sabido este que ella era seyen, y entonces decidió utilizar una ilusión para cambiar el color de sus ojos, y así engañar lo suficiente al chico para averiguar lo que era.

Los ojos del chico se le clavaron de una manera nunca vista, era como si quisiera encantarla con la mirada, pero no funcionaba. Entonces, mientras intentaba averiguar el porqué de que él la observara así, captó sus pensamientos:

Joven y bonita, perfecto” los pensamientos ya de por si no eran normales, era como si ya la escogiera para algo y esa mirada era muy sospechosa. El chico sonrió con naturalidad, sin dejar de atraparla con la mirada. Anne pudo ver en su mente que él notaba su tensión y desconfianza, y confiaba en eliminarla en poco tiempo. 

No, no era solo eso, había algo más; Anne lo percibió, él no solo quería tranquilizarla, quería hipnotizarla, acababa de verlo en su mente.

Al ver eso, Anne no pudo evitar rememorar la visión de Jaymie y como todos habían caído en la trampa, y no pudo evitar que la ira creciera en su interior, y sentir odio por aquel ser que estaba ante ella: un vampiro. 

Sí, sentía odio, esos seres eran horribles; seduciendo y embaucando a la gente para conseguir sus maquiavélicos fines. No había nada para ella que mereciera más morir más que ellos. Comenzando por este, que se hallaba ante ella y tenía la osadía de pretender embaucarla.

Anne se esforzó en sonreír. Ya había decidido qué hacer con él, ya que éste pretendía seducirla, le dejaría actuar y creer que lo había conseguido. Luego, ese vampiro, se llevaría una bonita sorpresa.

—Ya no. — Dijo Anne contestando a la pregunta del chico, mirándolo fijamente a los ojos. El chico sonrió, aparentemente contento con la respuesta, pero en su mente Anne vio que era porque eso era justo lo que quería.

—Me alegro ¿Damos un paseo? — Propuso él, no sólo era su mirada lo que pretendía encantar, también su voz tenía algo especial, o al menos eso era lo que sentía Anne al oírlo. La chica reparó en que fuera había parado de llover, pero seguía nublado, y visto lo visto seguiría así toda la noche. 

Una lástima, le encantaría ver la cara que pondría el chico al verla brillar.

—Sí, claro. — aceptó con una tímida sonrisa.

Él se levantó enseguida y Anne no dudó en seguirlo; por ahora no había problema él creía tenerla embaucada, cuando en realidad era el quien estaba cayendo en la trampa. Por un momento Anne se sintió culpable, pero al instante su mente se llenó de imágenes de lo ocurrido con sus padres y la culpa se volatilizó. Esos seres no merecían su compasión.


Acabaron solos en una zona un poco aislada. Anne apenas podía seguir fingiendo, se esforzaba en sonreír y en seguir las miradas del vampiro, pero no podía más; esa no era ella. Nunca lo sería.

— ¿Cómo te llamas? — La pregunta del chico lo sorprendió. Así que quería saber el nombre de su víctima, bien, se lo diría a ver si este juego acababa pronto, porque personalmente ella ya estaba harta.

—Anne.
—Anne, precioso nombre lo recordaré… — El chico ahora se hallaba ante ella y muy cerca. En su mente  la chica vio que había llegado el momento; iba a matarla.

— ¡Oh, ya lo creo que lo recordarás!—Aseguró Anne amenazante al tiempo que anulaba la ilusión y con una sonrisa sacó la espada. Pobre ingenuo, ¿Qué se creía? ¿Qué podría engañarla como a las demás jóvenes? ¡Ja!

El vampiro la miró incrédulo y luego enfadado, fue tan rápido el cambio de expresión que ninguna persona normal lo habría advertido. Pero claro, Anne no era normal.

Ella seguía captando los pensamientos del vampiro y se extrañó al oír lo que vino a continuación.

Muy lista, bonita, pero no vencerás” Había pensado el vampiro; lo que significaba que tal vez fuera más hábil de lo que ella creía. Anne preparó bien la espada y el escudo para el combate; algo le decía que no iba a ser fácil, y acertó.

Su enemigo enseguida esquivó los primeros golpes a una velocidad impresionante y, cuando le llegó el turno de atacar, Anne vio los movimientos en su mente y los bloqueó. La lucha siguió así un buen rato, él evitando sus ataques y ella bloqueando los de él. De tal modo que ninguno conseguía herir al otro. 

Estaba claro que así no llegarían a ningún lado pero aun así seguían ¿Qué más podían hacer?

Entonces el vampiro retrocedió; parecía desear cambiar de táctica; una lástima que ella lo viera en su mente. Cuando el vampiro se lanzó hacia ella, ya estaba preparada y aunque pareciera mentira lo esquivó y se alegró pero entonces pudo ver una especie de brillo en la mirada del vampiro y una sonrisa. ¿Pero qué…? 

No pudo predecir lo que ocurrió a continuación, cuando ella atacó. Solo vio que el vampiro, no solo evitó su golpe, sino que consiguió ocultarle su próximo ataque y ella perdió el escudo y acabó lanzada hacia atrás, con una fuerza impresionante.

Justo cuando su cuerpo iba a chocar violentamente contra el suelo las alas de Anne surgieron frenando la caída y dejándola flotando a ras del suelo.

Anne pudo ver que el vampiro la miraba furioso, mientras ella aún se preguntaba cómo sus alas habían surgido sin que las invocara.

Sea como fuera las alas la habían salvado de una caída grave o incluso mortal. Un momento, ¿mortal? Si eso parecía y lo de las alas había sido algo casi automático, sin pensar, como si hubiera algo propio de ella que lo impulsara. 

Algo propio de ella… ¿Podría ser uno de los instintos a los que se refería Jaymie esta tarde? Sí, seguramente, aunque Anne aun no tenía claro cuál era.

Ella se levantó y quedó de pie a ras del suelo. Sus alas se negaban a irse, de igual modo eran necesarias ya que sin ellas el vampiro era más rápido que ella.

El vampiro se lanzó hacia ella y Anne no pudo evitar sonreír, ahora empezaba lo bueno. Dejó que él se confiara y no se apartó hasta que estuvieron peligrosamente cerca.

Pasaron uno al lado de otro, ninguno de los dos tocó al otro, o eso parecía cuando el vampiro empezó a sangrar de una herida en un lado, solo había sido un roce pero sangraba.

Mientras se giraba de nuevo hacia él, Anne pudo ver como su contrincante ponía la mano sobre la herida manchándola de sangre, un poco más oscura de lo normal, aunque no tanto como la de los licántropos.

—Como diantres…— susurró sorprendido y la sonrisa de Anne se ensanchó.

—Esto solo ha sido un aviso. La próxima vez no seré tan buena— Advirtió ella. La respuesta a su advertencia fue una especie de rugido a la vez que el vampiro se lanzaba hacia ella. 

Anne enseguida pudo ver el movimiento en su mente y consiguió detenerlo, sin apenas dificultad. Su espada acabó tan cerca de él que ya rozaba su cuello. 

Al sentirlo, el vampiro empezó a tener miedo pero ya era demasiado tarde, y ella lo decapitó con su espada.

Cuando el cuerpo muerto de su enemigo cayó Anne soltó un suspiro de cansancio, había sido duro pero se sentía satisfecha de ello.

Mientras limpiaba la espada, Anne pudo sentir como su energía se manifestaba dentro de ella. Quizás aún no estuviera preparada para lo que fuera que le esperaba, pero faltaba poco. Y con ese pensamiento Anne emprendió el vuelo.

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