miércoles, 3 de abril de 2013

Seyens: 1ª parte Stern| Capítulo 9

Bueno, he recuperado mi ordenador [al final el fallo era del cable así que me ha bastado con comprar otro :) ] así que os dejo ya el siguiente y por cierto como al final por razones que no voy a revelar aun no puedo permitirme un portátil nuevo y no creo que el disco duro del antiguo quepa en este que estoy usando ahora voy a intentar volver a escribir los capítulos 10 y 11 del Diario de Evelin de nuevo y en cuanto los tenga listos vuelvo a publicar esa historia también :)
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Víctor:


9


En cuanto Víctor estuvo seguro de controlar los movimientos se sacó su espada del dedo y la dejó en la mesa pequeña. Luego de eso se puso a pensar en lo que iba a hacer a partir de ahora.
Lo más lógico sería salir y cumplir la misión de los seyens, proteger a la raza humana, eso era lo que le había dicho su padre que hacían los seyens. Sin embargo estaba claro que lo que le esperaba no iba a ser un camino de rosas, los ataques de criaturas maléficas que provocaría la atracción traerían como consecuencia batallas que podrían ser muy peligrosas, de ahí venia la necesidad de saber luchar. Pero no solo tenia que saber luchar, tenia que saber vencer y vencer implicaba dos cosas: tener un buen manejo de su arma, lo que implicaba un riguroso entrenamiento (otra vez lamentó la muerte de su padre, él si que le entrenaría bien) y saber como derrotar a las criaturas maléficas definitivamente y también saber controlar sus poderes por si los necesitaba en las batallas.

Lo del entrenamiento ya lo tenía claro, iba a ser todos los días e iba a practicar con su arma durante un intervalo regulado de tiempo.

En cuanto al modo de matar a las criaturas lo cierto es que lo recordaba bastante bien pues hace algunos años su padre le había hecho hacer un esquema de las distintas razas en su cuaderno para memorizar sus cualidades o ventajas, debilidades y el mejor modo de matarlas aunque eso último solo lo había hecho con las criaturas maléficas.

El control de los poderes, sin embargo, suponía una gran dificultad para el. Debido a la ausencia de seyens que supiesen de la trasformación de Víctor no había modo de practicarlos, a menos que lo hiciera en humanos, lo cual implicaba un gran problema si no sabía eliminar el efecto y además no le tentaba nada. El no quería hacer daño a inocentes. Algunos podía probarlos en los combates con vampiros, licántropos o demonios pero eso era jugar sucio. Lo cual, tampoco le parecía bueno.

Mientras le daba vueltas Víctor pensó que en realidad era afortunado por ser hijo de su padre. Pues al ser hijo de un seyen y de una humana Víctor nunca había sido del todo humano, siempre había tenido una parte seyen y gracias a ella se le había revelado, ya a los dieciocho años, el poder de las ilusiones. Si, en ese caso había tenido suerte pues, aunque en aquella época el uso de ese poder le resultaba complicado y lo cansaba mucho, con el tiempo había conseguido dominarlo y ahora estaba seguro de que lo controlaba completamente. Genial, un poder menos, un problema menos, bueno en realidad eran dos porque el de leer la mente ya parecía cogerle el truco la noche anterior. Debía de ser uno de los poderes más sencillos. Pero Víctor no sabía que hacer con los demás poderes.

Alguien llamó a la puerta, Víctor enseguida distinguió que se trataba de Mary, rápidamente cogió su arma y la guardó en el armario junto al Yagatán y cerró el armario.

- Puedes pasar Mary, ¿Ocurre algo? — Dijo Víctor anticipándose a ella, si Mary se sorprendió de eso Víctor no lo vio y cuando ella entró no había señal de asombro en su rostro.

- Siento molestarle señor pero uno de sus amigos acaba de llamar a la puerta. ¿Le hago pasar? — Informó ella. Víctor se extrañó de qué alguien viniera a visitarlo a estas horas ya que por lo general Dave dormía hasta muy tarde. Aunque claro, Víctor tenía más amigos, ¿cual de ellos había decidido pasarse por su casa?

- Si, hazlo pasar— anunció a Mary que seguía esperando una respuesta mientras subía las escaleras en dirección a la entrada de la casa para ver quien había llegado.

En la puerta, abierta, se encontraba un joven de pelo muy corto y liso rubio claro y ojos azul celeste que Víctor reconoció enseguida, se trataba de Gerard, el encuentro mutuo de miradas provocó una sonrisa en los dos chicos pero fue Víctor quién saludó primero.

 - ¡Gerard!, ¡Menuda sorpresa!, ¿no estás trabajando hoy? —

El chico negó con la cabeza.

- Hoy Emil me ha dado libre, a pesar de ser sábado. Además no creo que el trabaje tampoco. — Informó Gerard en cuanto Víctor llegó a la entrada. Gerard trabajaba en el laboratorio de la guardia civil que investigaba los asesinatos; examinado cadáveres para después poder determinar como había muerto la victima que estaba examinando.

- ¿Emil, tampoco trabaja? ¿Por qué? — preguntó Víctor. Emil era miembro de la guardia civil e hijo del jefe de la guardia, por lo que siempre se había tomado su trabajo muy en serio. No solía faltar a su deber y siempre intentaba hacer que su padre estuviera orgulloso de el.

- ¿Por que no damos un paseo y te lo explico? Hace buen día y además no es una historia agradable. —  Propuso Gerard. Víctor miró por la ventana, realmente no hacia tan buen día, había unas pocas nubes, pero aún se veía el sol y no llovía; lo cual en otoño era una alegría. Pero el caso es que Víctor tenía curiosidad por saber el asunto de Emil y ya de paso por conocer más noticias sobre las muertes y las desapariciones.

- Mary, salgo a dar un paseo. Volveré para comer así que tenme algo bueno preparado, ¿de acuerdo?” —  informó Víctor a la criada.

- Entendido señor Roswell. Todo estará listo para cuando usted regrese. — Le comunicó Mary antes de marcharse. Víctor se aprestó a salir de la casa pero Gerard lo detuvo.

- ¿No coges una chaqueta? Ya se que no lo parece pero el día está algo fresco y no estaría mal abrigarse un poco. No me apetece que cojas un resfriado, después del semejante verano que hubo aquí. Los contrastes de temperatura no son buenos para la salud. — Le aconsejó Gerard, Víctor se preguntó interiormente que cara pondría Gerard si le contara que el ya no iba enfermar nunca más. Pues los seyens nunca enfermaban porque poseían unas defensas muy elevadas y además se curaban continuamente de cualquier herida lo que evitaba posibles infecciones.

Víctor decidió coger una chaqueta ligera, pues, aunque, al igual que a todos los seyens, a el ya no le afectaban ni el frío ni el calor, convendría coger una para aparentar. Pues la camisa de cuadros rojiza y de manga corta que llevaba no era lo más adecuado para esta estación ni para este tiempo.
Víctor cogió una chaqueta de un marrón idéntico al de su pantalón marrón oscuro y el y Gerard salieron de la casa.

En cuanto estuvo fuera Víctor notó un ligero cambio de temperatura por lo que decidió ponerse la chaqueta, aunque no se la abrochó. No le parecía que hiciera tanto frió como para hacerlo, además Gerard también la llevaba desabrochada.

- Bien, cuéntame, ¿Que le pasó a Emil? — Dijo Víctor mientras el y Gerard paseaban, por las calles, en dirección a la plaza principal de Stern.

- Su padre fue asesinado ayer por la noche. — Informó Gerard.

- ¿Como? — Dijo Víctor sorprendido, una cosa era que gente indefensa muriese asesinada y otra cosa era que mataran al jefe de la guardia civil de la ciudad. No era que la autoridad pudiera hacer mucha cosa con los ataques de criaturas pero normalmente los guardias solían ser más prudentes en sus acciones. Por lo tanto ese no era un ataque casual, era un ataque premeditado, quizás una manera de evitar algún descubrimiento, por parte de los humanos.

- No estoy seguro, fue anoche, el padre de Emil había conseguido ver a uno de los asesinos que andamos buscando y lo persiguió, el quiso seguirlo pero su padre le recomendó que siguiera vigilando el entorno de la celebración de Simeón. No fue hasta que pasaron unas horas y vimos que no volvía cuando nos preocupamos y fuimos en su busca. Nos marchamos por la misma dirección que el padre de Emil había cogido antes, Emil estaba realmente preocupado, prácticamente iba corriendo, me costó seguirle el paso y entonces lo encontramos. Estaba tendido en el suelo, muerto, con los ojos abiertos y una expresión de sorpresa y miedo en su semblante. Supongo que a pesar de todo el asesino le cogió por sorpresa y lo desarmó, porque su arma no estaba por ningún lado y yo puedo jurar que antes de irse la tenía. Tenía varias heridas superficiales en los brazos, que seguramente usó para defenderse y le habían clavado algo en el corazón, eso fue lo que le mató. No te puedo decir que le clavaron porque no encontramos el arma del asesino por ningún lado, ni tampoco a el, pero debía de ser muy rara porque las heridas parecían estar hechas por varias cuchillas juntas, como si en lugar de cuchillas fueran los dedos de una mano. Si, es una tontería, lo sé, pero realmente me dio esa impresión. — Contó Gerard y no era una tontería, a través de su mente Víctor pudo ver que en realidad la forma de las heridas daba a entender eso. No existían armas que lograsen ese efecto, por lo tanto el arma debía ser propia del asesino. Lo que significaba que solo había podido ser un demonio.

- Así que, ya ves, Emil acaba de ascender, ahora el es el jefe pero a costa de la vida de su padre. Emil está bastante afectado y yo personalmente lo entiendo, era su padre. Resumiendo que Emil está de luto y hoy ninguno de los testigos del suceso trabaja. Seguiremos la investigación a partir de mañana, aunque, ya no será lo mismo. — Le explicó Gerard

- Lo siento— dijo Víctor refiriéndose a la muerte del padre de Emil.

- No te preocupes, Emil es fuerte, con el tiempo lo superará. Sobre todo si atrapamos a esa gente de una vez por todas. — Dijo Gerard. Víctor no pudo evitar preocuparse al oírlo, no conocía muy bien a Emil, al margen de que fuera amigo de Gerard, pero Gerard era uno de sus mejores amigos y no quería perderlo, y la investigación lo ponía en el punto de mira de muchos atacantes, pero Víctor no podía pedirle que la dejara porque en eso consistía su trabajo, y porque Gerard no lo entendería.

- ¿El padre de Emil es la única víctima asesinada de ese modo? — Preguntó Víctor en cuanto penetraron en la plaza principal de Stern. La plaza de Stern era una plaza elíptica que era el centro de la ciudad y de ella parecía partir el resto de la ciudad. La plaza estaba limitada enfrente por dos edificios culturales, el teatro y la opera de Stern en donde no solo se representaban operas, sino también conciertos de música de los más conocidos compositores alemanes y europeos. Una fuente marcaba el centro de la plaza y dos bancos de piedra los lados derecho e izquierdo. Cada uno de los bancos estaba situado al lado de una de las salidas de la plaza y dispuestos de tal manera que se situaban entre esa salida y la entrada, por la que habían penetrado Víctor y Gerard en la plaza.

- Si, pero creemos que aparecerán más por lo que no nos preocupa que el cuerpo se vaya a enterrar— contestó Gerard.

- Espero que no tengas razón. No me gustan nada las muertes— opinó Víctor aunque igual sospechaba que esto no pararía tan rápido.

- Yo también lo espero auque no niego que el aumento de casos como este podría ayudar a descubrir al asesino y cogerlo— Comentó entonces, Gerard.

¿Que el aumento de casos podría ayudar a descubrir al asesino y cogerlo? Pero ¿De donde sacaba Gerard esa idea? Hasta ahora el aumento de muertes no había aclarado nada. Bueno no había aclarado nada a Gerard, pues Víctor sabía quienes eran los autores, aunque aún no podía identificarlos con nombres porque las criaturas maléficas sabían ocultarse entre los humanos. Pero esperaba poder hacerlo gracias a la capacidad de los seyens de distinguir a las criaturas de otros seres, como humanos y seyens, por medio de su energía vital y gracias a sus poderes.

Víctor sacó su reloj de plata del un bolsillo interior de su chaqueta y miró la hora, faltaban unos minutos para las doce, la hora a la que el solía comer.

- Debo irme— Dijo Víctor y se giró para irse pero Gerard lo detuvo cogiéndole el brazo.

- Espera— Dijo. Víctor se giró hacia el y le pregunto:

- ¿Porque? ¿Ocurre algo? — Gerard lo soltó, parecía un poco intimidado por la mirada de Víctor, no porque fuera mala, sino porque noto en ella algo nuevo, como si hubiera cambiado y era ese cambio el que provocaba esa sensación en el aunque no sabía porque. Sin embargo, enseguida se repuso y dijo:

- Es que se me había olvidado darte esto — Gerard entregó a Víctor dos entradas para una opera, que Víctor observó sorprendido, se trataba de dos entradas para ver una ópera de Richard Wagner titulada Tristan e Isolda que estaba inspirada en una historia mitológica.

- ¿Una obra de Richard Wagner representada en Stern? ¡Esto no puede ser verdad! —  exclamó Víctor ilusionado.

- Y sin embargo lo es. La obra es esta noche y tienes una entrada para ti y otra para Layla —  Dijo Gerard.

- No se si sus padres la dejaran salir con los asesinatos que se están produciendo. —  Dijo Víctor.

- La obra empieza a las siete y media y dura cuatro horas por lo que acabará a las once y media. Creo que es una hora razonable para devolver a Layla a sus padres —  Argumentó Gerard.

- Puede que tengas razón. —  Admitió Víctor.

 - Bueno, me tengo que ir. Espero que asistas a la ópera — Dijo Gerard y se fue.

Víctor observó las entradas un instante, la idea de pasar una velada agradable con Layla era tentadora y además Tristan e Isolda era una bonita historia a pesar de su desenlace trágico. Sin embargo Víctor era un seyen y tenía una misión que cumplir. Vivir una vida humana o cumplir su cometido como seyen, ¿es que acaso uno no podía hacer las dos cosas? Quizás si. Si Víctor llevaba a Layla a su casa en cuanto acabara la obra entonces no perdería mucho tiempo y luego podría ir a su casa, coger su arma e intentar cumplir su misión como seyen. Si, podría funcionar.

Víctor se encaminó a su casa pensando en que esta tarde convencería a los padres de Layla de que dejaran salir a su hija y por la noche pondría en marcha su  plan. Confiaba en que le saliera bien y no ocurriera nada malo ni a la tarde ni por la noche.

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